La casaron contra su voluntad a los 12 años, tuvo 38 hijos y tras 27 años de matrimonio, su esposo la abandonó…

El lejano país africano llamado Uganda es un lugar bastante curioso. Hogar de alrededor de un 11% de todos los pájaros y de un 6.8% de todas las mariposas existentes en el mundo, sitio donde por cada arbol cortado es obligatorio plantar tres más, donde se hablan más de 30 distintas lenguas indígenas, y donde los saltamontes fritos suponen el más sabroso plato tradicional, es patria de una familia de las que no hay.

Es allí donde vive la mujer más fértil del mundo: de los 44 millones de habitantes de su tierra natal, 38 suponen sus propios hijos. ¿Cómo es posible quedar embarazada tantas veces, sin antes llegar a los 40? ¿Cómo vive el clan tan numeroso en el país donde, de acuerdo con las investigaciones de MoveHub, el coste de la alimentación de una familia de 4 personas supera el sueldo promedio casi 3 veces?

Te lo contamos ahora mismo. Mariam Nabatanzi -ya que este es el nombre de la protagonista de nuestra historia- tiene 39 años y por lo general sonríe a pesar de no tener demasiados motivos para ello. La vida no la ha tratado bien desde que era una niña. Los periodias que como primeros conocieron su historia quedaron completamente impactados por algunos detalles. Pese a su crudeza, merece la pena familiarizarse con ellos.

Aunque Mariam conoce los nombres de sus progenitores, revela que sus parientes le han contado que su madre decidió abandonarla tres días después de su nacimiento. Después de sobrevivir un ataque de parte de su madrastra, ya a los 12 años de edad fue forzada a casarse con un hombre mucho mayor que ella. Como era de esperar, en vez de cesar, sus problemas acababan de empezar.

Su marido prácticamente no la tenía en cuenta y a menudo desaparecía de su casa. La adolescente de inmediato se convirtió en madre por primera vez. A los 13 nacieron sus primeros hijos gemelos, luego tuvo trillizos y cuatrillizos. Todavía antes de los 20 se dio cuenta de que su vida era más dura de lo normal. Desgraciadamente,  casi nunca pudo contar con el apoyo de su cónyuge…

“Mi esposo tenía otros hijos, y muchos, también con otras mujeres. A menudo la que tenía que ocuparme de ellos era yo. Además, ya que es una persona agresiva, me pegaba sin parar, por cualquier tontería”, cuenta Nabatanazi. Cuando a su cargo se encontraban ya 23 (!) retoños, decidió que había llegado el tiempo para pedir ayuda médica. Esperanzada, llegó a un hospital con el fin de hacerse exámenes.

Fue entonces cuando los especialistas descubrieron que el tamaño de sus ovarios supera la norma y, debido a una condición innata y teniendo en cuenta las posibles, graves consecuencias para su salud, le desaconsejó el uso de las terapias hormonals. Para colmo, de vuelta en casa, Mariam quiso hablar del tema con su marido: este rechazó su petición de abstenerse a tener más hijos sin pensarlo dos veces.

De esta manera, su familia seguía creciendo. En total, la mujer tuvo 6 partos de gemelos, 4 partos de trillizos y 5 partos de cuatrillizos. Seis de sus niños fallecieron antes de llegar a la adolescencia. Por si el hecho de tener que estar al tanto de todas las necesidades de un grupo tan numeroso, la vida de la ugandesa le deparó otro golpe cuando tenía 36 años: de repente se quedó más sola que nunca.

Agobiado con la idea de mantener una familia tan numerosa, su esposo no tuvo piedad: un buen día abandonó la casa por última vez, sin intención de volver, dejando a todos sus descendientes a su sino. Aunque por lo general ausente y autoritario, fue siempre él quien ponía los nombres a sus siguientes pequeños. ¡En ocasiones incluso lo hacía hablando por teléfono con su madre!

Por fortuna, los demás parientes de Mariam no le dio la espalda. La mujer cuenta que gracias a la generosidad de su abuela hoy en día puede compartir cuatro pequeñas habitaciones hechas de bloques de cemento y cubiertas de chapa con sus 38 hijos. Una de sus hermanas le ayudó a organizar la mudanza a un pueblo ubicado a 50 kilómetros al norte de la capital de Uganda, Kampala.

La aldea rodeada de los campos de café se mimetiza con el panorama general del país: sus habitantes son pobres, pero no suelen pelear por dinero. En vez de demostrar la envidia, intentan ayudarse mutuamente y salir adelante. No es, sin embargo, la escasez de los medios, lo que más le duele a Nabatanzi. Le da pena que todos sus hijos tengan que crecer sin una figura paterna al lado.

Justamente por ello, la emprendedora madre hace lo imposible para garantizarles una vida digna. Asimismo, admite que simplemente no tiene tiempo para reflexionar o quejarse de su vida: todos los días se desloma intentando ganar dinero necesario para la comida de sus retoños. Y ¿cómo logra calmar el hambre de un grupo tan grande? No es nada fácil, pero, al parecer, tampoco imposible.

Una familia compuesta por casi 40 personas consume alrededor de 10 kilos de harina de maíz, 7 kilos de frijoles y 4 kilos de azúcar… todos los días. Debido a su elevado precio, el pescado y la carne en casa de Mariam se come muy raras veces, y en pequeñas cantidades. Para poder permitírselo todo, aunque no tiene un trabajo fijo, hace uso de sus diversas habilidades.

Ante todo, es herbolista: recoge las plantas y raíces que luego vende a los habitantes de los pueblos vecinos. Además, gana dinero como costurera y repostera, ayuda a preparar las decoraciones para las bodas y otras fiestas, peina a las futuras novias, y de vez en cuando organiza eventos… ¿Qué es lo más sorprendente en todo ello? Es completamente autodidacta.

Aunque cueste creerlo, todos los hijos de Mariam van, ya han terminado, o pronto comenzarán la escuela. Los mayores de sus gemelos han cumplido 26 años y trabajan como profesionales: uno es enfermero, y el otro, constructor cualificado. Orgullosa de ellos a más no poder, la mujer admite que la educación de sus retoños siempre fue la cuestión más importante para ella.

“Espero que todos ellos puedan terminar el colegio. Me gustaría que fueran médicos, profesores, abogados… Simplemente quiero que en su vida logren todo lo que yo no he podido alcanzar”, dice. Su actitud hacia la vida es tan digna de admiración que con razón se convirtió en un objeto de interés de los medios internacionales. Gracias a ello, la ayuda económica no tardó en llegar.

En 2017, la BBC recaudó más de 8 mil libras esterlinas para la valiente mujer, quien prometió utilizarlos para proporcionar una buena asistencia sanitaria a sus hijos y montar un negocio capaz de mejorar el futuro de todos los miembros de la familia. “Sé que cada uno de ellos es un regalo de Dios, así que voy a hacer lo que pueda para darles todo lo que necesitan”, asegura contenta.

Mientras que en los países mucho más desarrollados que Uganda se siguen multiplicando los casos de madres incapaces de proporcionar buenas condiciones de vida a sus muchos hijos, la historia de Mariam Nabatanzi demuestra que el que realmente quiere, puede hacerlo. Le felicitamos por todo el esfuerzo y le deseamos que todo lo que sueña para sus hijos se haga realidad. ¡Se lo merece!

Fuentes: Facebook / Pixabay / Twitter / PrimeraHora.com