Fue congelada hace más de 20 años y su madre es tan solo un año mayor que ella

El pasado mes de diciembre, una mujer de 26 años dio a luz a una niña a partir de un embrión donado que llevaba congelado nada menos que 24 años, considerándose así como el embrión más longevo que jamás haya llegado a término. La bebé de Tina Gibson, a la que llamó Emma Wren, fue concebida hace 24 años, es decir, en 1992, pero el embrión fue congelado en lugar de ser implantado en otra mujer. La madre, que nació en 1991, no podía concebir naturalmente con su esposo Benjamin debido a la fibrosis quística, por lo que decidieron acudir al departamento de criopreservación del National Embryo Donation Center, en Knoxville, Tennessee.

En marzo de 2017, el embrión fue descongelado y luego se transfirió a Tina mediante un procedimiento idéntico a la fecundación in vitro. Después, el 25 de noviembre, después de atravesar un embarazo normal de 40 semanas sin problemas, Tina dio a luz naturalmente, tras 24 horas de parto, a Emma, con un peso de casi 3 kg y 50 cm de largo. Mirando hacia atrás, la pareja del este de Tennessee dijo que se vieron superados cuando descubrieron que podían adoptar un embrión. Pero no fue hasta la mañana de la “transferencia” cuando descubrieron que se trataba del embrión más tardío; el anterior estaba en Virginia, con una duración de 19 años y varios meses.

En una declaraciones a los medios de comunicación, Tina admitió sorprenderse mucho cuando, esa misma mañana, descubrió el tiempo que había estado congelado el embrión. “Honestamente, estaba muy preocupada de que no funcionara”, dijo. “Yo no quería un récord mundial, quería un bebé, pero Ben estaba completamente intrigado por ello. Luego, me di cuenta de que solo había un año de diferencia entre nosotras, podríamos haber sido mejores amigas”. Tina y Benjamin se conocieron en la iglesia y salieron juntos durante casi toda la adolescencia. Se casaron hace 7 años y medio, cuando Tina tenía 19 y Ben 26, ya que él padecía fibrosis quística, una enfermedad respiratoria mortal con una esperanza de vida de 30 años, y no querían perder tiempo.

Como la fertilidad es a menudo imposible o muy complicada para los que padecen FQ, decidieron adoptar. Comenzaron a trabajar como cuidadores de niños en 2015, algo que disfrutaron, hospedando a media docena en un año. En mayor, entre dicho proceso, estaban a punto de irse de vacaciones cuando el padre de Tina les dijo que acababa de enterarse del proceso de adopción de embriones en un informe, lo que significaba que podían intentarlo para ver si Tina podía quedarse embarazada. “Le dije que eso sonaba muy bien, dado que estábamos muy interesados en adoptar”, recordó Tina. Entérate de otros detalles a continuación…

“Ben y yo sabíamos desde que comenzamos a salir que, si alguna vez íbamos a formar una familia, no podríamos tener nuestros propios hijos. Estábamos tranquilos con eso, felices y entusiasmados con la adopción de un niño, y nos encantó cuidar de ellos. Sin embargo, a lo largo de todo el viaje de 8 horas en coche, no dejábamos de hablar de eso, pensar en eso, imaginarlo”, dijo Tina. “Vimos vídeos, leímos artículos… al final supimos todo sobre ello. Pero aún así, seguíamos queriendo adoptar a un niño, no sabíamos qué era y llevábamos mucho tiempo pensando en ello”.

No obstante, durante los próximos tres meses, no podíamos sacárnoslo de la cabeza. “No estábamos hablando de eso, pero lo pensaba a diario. Entonces, un día llegué a casa y, mientras cenábamos, le dijo: “Creo que debemos hacer lo del embrión”. y Ben me contestó: “Lo sé, lo he pensado todos los días, no podía sacarlo de mi cabeza”. Después de explorar todas las opciones, la pareja decidió que adoptarían el embrión a través del Centro Nacional de Donación de Embriones en Knoxville, Tennessee, que ha llevado a 700 embarazos desde 2003, más que cualquier otra organización del mundo. A partir de diciembre de 2016, Tina comenzó a tomar inyecciones hormonales para aumentar las posibilidades. Te contamos otros detalles si prosigues leyendo…

En febrero, comenzaron el procedimiento para seleccionar su embrión. Se les dio un libro con docenas de posibles perfiles, que enumeraban los detalles de los padres en el momento de la concepción: su peso, estatura, edad y color de piel. “Realmente quisimos acelerar el proceso, así que tratamos de encontrar cualquier cosa que pudiera ser un “no”. Los dos éramos bajos, por lo que una persona de más de 1.80 estaría fuera. Cosas como esa”, dijo Tina. Después de seleccionar 10, tuvieron que elegir tres y ponerlos en orden, pero no funcionó; los tres deben haberse congelado en momentos similares y haber estado en etapas de desarrollo cercanas. El centro les ayudó a cambiar su selección, poniendo a Emma primero.

En lo que respecta a Emma, el embarazo transcurrió sin problemas. El único inconveniente vino cuando los doctores se dieron cuenta de que Tina tenía un cuello uterino inusualmente corto. “Pensamos que podríamos perderla, pero todo fue perfecto”, dijo Ben. Tina pasó por todo el parto sin anestesia (“No tengo ni idea de por qué lo hice, no fue por ninguna razón en particular y no se lo recomendaría a nadie”). Ahora, la familia se estuvo planteando pasar la primera Navidad juntos, en la que solo querían “sentarse y mirarla”, según Benjamin. “Es conmovedor ver que los embriones congelados hace 24 años y medio todavía pueden dar como resultado una supervivencia del 100% sin problemas”, dijo el doctor, Sommerfelt.

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